Off to Los Angeles, do you love yourself? / Rumbo a Los Ángeles, ¿Te quieres a ti mismo?

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Last week on my way to Santa Fe, I was lucky enough to spend 2 days in LA between flights. The city was incredible; 27 degrees in the middle of January, a mixture of streets, beaches, mountains and deserts, all tied up with a vibrant history and totally unique culture. On the other hand, the huge distances between these wonderful locations make long car trips a daily reality, and of all the cities in the world, it is probably the one where the world of fame is most visible, in all it’s splendour and ugliness. I loved the ‘Walk of Fame’ but it really made me think about how this phenomenon is viewed and treated in today’s modern world. Why do some people go crazy when they see a celebrity on screen, let alone in the flesh! And what effect does this have on the person in the limelight?

I understand that the world of cinema, or sports for instance, needs an audience, these industries couldn’t survive without the fans, right? But what I wonder is where you draw the line between admiration and fanaticism. I love cinema, theatre and actors, and as an actress I truly value the work of artists. In my youth I experienced this level of fandom first hand, but now I know there is a huge difference between my admiration, and the attitude that society sometimes encourages us to feel; which borders on obsession.

I believe that this unhealthy attitude is often caused by insecurities and lack of confidence, and it is easy to see where this can stem from. The media and TV in particular, constantly tell a story of unattainable perfection, through beauty, lifestyles and glamour, and often portrays celebrities as verging on the divine, or savagely critiques them for the slightest imperfection. Comparing oneself to these idols is enough to make anyone feel inadequate!

The way people react to fame can tell you a lot about both the admirer and the admired, but I think if people were more comfortable in their own skin, and had a little more confidence, some of the uglier facets of fame would be dramatically reduced.

I believe if you love yourself, you can still appreciate the people you admire, but you are able to maintain your perspective. It stops you going crazy and crying over someone you don’t really know!

Chaplin, why I admire greatly, left us these wonderful words. Why don’t we consider them?

AS I BEGAN TO LOVE MYSELF

As I began to love myself I found that anguish and emotional suffering are only warning signs that I was living against my own truth. Today, I know, this is AUTHENTICITY.

As I began to love myself I understood how much it can offend somebody as I try to force my desires on this person, even though I knew the time was not right and the person was not ready for it, and even though this person was me. Today I call it RESPECT.

As I began to love myself I stopped craving for a different life, and I could see that everything that surrounded me was inviting me to grow. Today I call it MATURITY.

As I began to love myself I understood that at any circumstance, I am in the right place at the right time, and everything happens at the exactly right moment, so I could be calm. Today I call it SELF-CONFIDENCE.

As I began to love myself I quit steeling my own time, and I stopped designing huge projects for the future. Today, I only do what brings me joy and happiness, things I love to do and that make my heart cheer, and I do them in my own way and in my own rhythm. Today I call it SIMPLICITY.

As I began to love myself I freed myself of anything that is no good for my health – food, people, things, situations, and everything the drew me down and away from myself. At first I called this attitude a healthy egoism.Today I know it is LOVE OF ONESELF.

As I began to love myself I quit trying to always be right, and ever since I was wrong less of the time. Today I discovered that is MODESTY.

As I began to love myself I refused to go on living in the past and worry about the future. Now, I only live for the moment, where EVERYTHING is happening. Today I live each day, day by day, and I call it FULFILLMENT.

As I began to love myself I recognized that my mind can disturb me and it can make me sick. But As I connected it to my heart, my mind became a valuable ally. Today I call this connection WISDOM OF THE HEART.

We no longer need to fear arguments, confrontations or any kind of problems with ourselves or others. Even stars collide, and out of their crashing new worlds are born. Today I know THAT IS LIFE!

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A day without laughter is a day wasted

1513291_10203200429800386_291938268_nUn día sin risa es un día perdido

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La semana pasada de camino a Santa Fe, tuve la suerte de hacer una paradita de dos días en Los Ángeles, así a modo de larga escala. Visitar la ciudad fue increíble, estábamos a 27 grados en mitad de Enero y ese hecho a mí ya me conquistó, por no hablar de la mezcla de calles, playas, montañas y desiertos, todo conectado por su maravillosa historia y cultura única.

Sin embargo, no todo me pareció perfecto en la ciudad de cine, las larguísimas distancias entre localización y localización te obligan a pasarte el día en el coche, y eso a mí por lo menos, me echa un poco para atrás. Tampoco se puede pasar por alto el mundo de la fama, porque de todas las ciudades del mundo se podría decir que esta es la ciudad de la fama por excelencia, con todo su esplendor y desencanto. Me encantó el paseo de la fama pero pasear por allí realmente me hizo pensar en cómo se trata este fenómeno en el mundo moderno en el que vivimos. ¿Por qué alguna gente se vuelve loca al ver un celebrity en la pantalla, o peor aún, en persona? ¿Qué efecto tiene esto en el que vive entre luces y focos?

Entiendo que el mundo del cine o por ejemplo, el de los deportes, necesitan de un público para ser lo que son, estas industrias no podrían sobrevivir sin fans, ¿Verdad? Pero lo que me pregunto es ¿Dónde se marca la diferencia entre admiración y fanatismo? Me encanta el cine, el teatro y los actores. Como actriz, realmente valoro el trabajo de los artistas. Sin embargo, de pequeña también estuve atrapada por ese fenómeno fan y precisamente por mi experiencia ahora sé que hay una gran diferencia entre mi actual admiración, y la actitud que la sociedad busca que tengamos: Rozando la obsesión.

 Creo que esta actitud insana tiene mucho de inseguridad y falta de confianza personal, y no es muy difícil averiguar de donde provienen todos estos sentimientos. Los medios de comunicación y especialmente, la televisión, constantemente nos cuentan historias de perfección inalcanzable, a través de la belleza, glamour y estilos de vida irreales, retratando a las celebrities como seres divinos y perfectos. Critican brutalmente la más mínima imperfección y peor aún, parecen exigir la perfección. Hoy en día, compararse con cualquier ídolo de masas puede llevar a la persona a sentirse inferior o incompleta.

La manera en que la gente reacciona a la fama actualmente,dice mucho tanto del admirador como del admirado, pero de verdad pienso que si las personas estuvieran más a gusto consigo mismas, siendo así más seguras, los peores aspectos del fenómeno fan se reducirían casi hasta desaparecer.

Creo que si te quieres a ti mismo, puedes seguir apreciando y admirando a muchísima gente, pero siempre siendo capaz de mantener tu amor personal y tu perspectiva. Eso evita que de repente te vuelvas loco, gritando o llorando por alguien que ni siquiera conoces.

Chaplin, quién realmente admiro, nos dejo estás palabras. ¿Por qué no echarles un ojo y tenerlas un poco en cuenta?

CUANDO ME AMÉ DE VERDAD

 Cuando me amé de verdad, comprendí que en cualquier circunstancia, yo estaba en el lugar correcto y en el momento preciso. Y entonces, pude relajarme. Hoy sé que eso tiene nombre… AUTOESTIMA.

Cuando me amé de verdad, pude percibir que mi angustia y mi sufrimiento emocional, no son sino señales de que voy contra mis propias verdades. Hoy sé que eso es… AUTENTICIDAD.

Cuando me amé de verdad, dejé de desear que mi vida fuera diferente, y comencé a ver que todo lo que acontece contribuye a mi crecimiento. Hoy sé que eso se llama… MADUREZ. 

Cuando me amé de verdad, comencé a comprender por qué es ofensivo tratar de forzar una situación o a una persona, solo para alcanzar aquello que deseo, aún sabiendo que no es el momento o que la persona (tal vez yo mismo) no está preparada. Hoy sé que el nombre de eso es… RESPETO.

Cuando me amé de verdad, comencé a librarme de todo lo que no fuese saludable: personas y situaciones, todo y cualquier cosa que me empujara hacia abajo. Al principio, mi razón llamó egoísmo a esa actitud. Hoy sé que se llama… AMOR HACÍA UNO MISMO. 

Cuando me amé de verdad, dejé de preocuparme por no tener tiempo libre y desistí de hacer grandes planes, abandoné los mega-proyectos de futuro. Hoy hago lo que encuentro correcto, lo que me gusta, cuando quiero y a mi propio ritmo. Hoy sé, que eso es… SIMPLICIDAD.

Cuando me amé de verdad, desistí de querer tener siempre la razón y, con eso, erré muchas menos veces. Así descubrí la… HUMILDAD.

Cuando me amé de verdad, desistí de quedar reviviendo el pasado y de preocuparme por el futuro. Ahora, me mantengo en el presente, que es donde la vida acontece. Hoy vivo un día a la vez. Y eso se llama…PLENITUD.

Cuando me amé de verdad, comprendí que mi mente puede atormentarme y decepcionarme. Pero cuando yo la coloco al servicio de mi corazón, es una valiosa aliada. Y esto es… SABER VIVIR. 

No debemos tener miedo de confrontarnos, hasta los planetas chocan, y del caos nacen muchas estrellas.

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