La ilusión sigue moviendo mi mundo.

Hacía tanto tiempo que no me pasaba por aquí que ya había olvidado hasta la contraseña. ¿Cómo puede ser? ¿Qué es lo que hace que un día no pares y otro no te puedas mover del sofá? ¿Qué es lo que te impulsa a escribir a todas horas, o de pronto, dejar de hacerlo por una larga temporada? ¿La inspiración? Como dijo Picasso: “La inspiración siempre me pilla trabajando” así que no creo sinceramente que sea una cuestión de inspiración. Creo que tiene más que ver con la ilusión, las temporadas. Hay épocas que estás más arriba y otras más abajo, y todo avanza en función a eso. 

 Cuando la motivación no esta, tu esencia se puede llegar a marchar. El brillo de los ojos, lo que te levanta cada mañana de un salto. Si pierdes el motor cuesta arrancar, por mucho que tengas unos pedales… La vida no se vive igual y eso es así pero si algo he aprendido en todos estos meses es que, no siempre se puede estar al 100% de tus posibilidades. Que la energía también tiene un límite y que la mejor manera de recuperarla es queriéndose y dejándose querer. Si siempre has estado en “dar”, no pasa nada porque un tiempo necesites estar en “recibir”. No hay nada más bonito que recibir el calor de la gente que más te quiere: Un buen abrazo, un masaje amoroso, un cruce de miradas, alguien que sea capaz de secarte la lagrimas si te ve llorar… Cada detalle cuenta. Todo se va sumando y nada se detiene y es que, amigos, la vida no se detiene.

Todo corre y avanza, nada se para. La vida es ahora. Todo lo que puedas vivir es ahora. El futuro deja de serlo en el momento en el que lo vives para convertirse en el AHORA y cuando se acaba, se convierte en pasado… pasa y se esfuma. Se queda en forma de recuerdo o experiencia. Sobre todo y en mi opinión, de experiencia. Vivencias que se van acumulando creando lo que tu vas siendo porque aunque nuestra esencia se mantenga, hay algo que me dice que nunca dejamos de cambiar. Yo no soy la misma que era hace 6 meses, o hace un año. Muchas percepciones o formas de ver las cosas han cambiado, muchos sentimientos se han transformado. La esencia es la única que permanece, si la dejas… Cada viaje supone un cambio y una transformación pero viajar no solo es cogerse un avión e irse a la otra punta del mundo. Ahora que yo estoy viajando bastante en el sentido más literal de la palabra, puedo asegurar que viajar es mucho más que eso. Viajamos cada día. Hay viajes cortos, viajes largos… viajes de media hora y viajes que no acaban nunca. La vida es como un viaje, te enriquece a cada instante.

 Como hablaba el otro día con mi querida María Caudevilla: La vida es como una gran producción de una obra de teatro que no se llega a estrenar o mejor aún, quizás la vida son un conjunto de producciones pequeñas  y grandes que vas estrenando día a día y almacenando en esa larga historia a la que llamamos vida. Me gusta más verlo así. A veces reestrenas una función o decides inspirarte en una que ya estrenaste hace años, es bonito. Otras veces, en cambio, te toca estrenar algo totalmente nuevo y no tienes ni idea de como hacerlo, da miedo pero te enfrentas y lo logras de la mejor forma que puedes. Es bonito también. Me gusta que hasta mi “estreno” más pequeño me provoque un cosquilleo en el estómago interminable. Que cada cosa que haga este cargada de magia, de verdad y de ilusión, como una función de teatro. Tener siempre algo que presentar al mundo, por pequeño o diminuto que sea, algo que te motive e impulse. A veces simplemente necesitamos un pequeño impulso. Como el que yo he recibido hoy… Dicen que una simple llamada puede hacer que tu vida cambie de 0 a 100 en un segundo. A veces es bastante evidente y otras cuesta más darse cuenta. A lo mejor no es un cambio tan radical pero no deja de despertar algo en ti y por ese simple hecho, ya es importante para mi. Hoy una conversación con mi amiga Clau ha bastado para abrirme los ojos y darme cuenta de un millón de cosas que estaban pasando por delante de mí sin yo darme cuenta. Y mientras tanto, ¿Dónde estaba mi ilusión, esa que me caracteriza? ¿Dónde estaba la energía que se encarga de cazar las oportunidades al vuelo y sin pensarlo? ¿Dónde estaba la esencia que hace que la sonrisa se mantenga viva todo el día? Pues con ella he ido descubriendo poquito a poco todas las respuestas. Quizás sin darme cuenta apagué el botón que movía mi sueño más preciado (ese que todos de un modo u otro tenemos). Y hoy después de bastante tiempo, he decido volver a encenderlo. Nunca he dejado de soñar pero quiero volver a hacerlo como a mí me gusta: Llenándome de ganas, de estrenos, de producciones grandes y enanas, de sueños de todos los tipos y colores. De ilusiones de todos los tamaños, de proyectos, de sonrisas. De sonrisas dulces e inmensas.

Todas esas experiencias que vamos almacenando en los viajes de los que antes os he hablado, todas y cada una de ellas son las que hacen que nosotros reaccionemos de una manera u otra a lo que nos pasa AHORA. Es a lo que recurrimos y por eso no debemos parar de experimentar. Porque cuanto más ricos seamos en experiencias (buenas y malas… es muy relativo), más preparados estaremos para afrontar nuestro mundo, sonriendo. Me gusta mejorarme a cada momento, y sobre todo me encanta ser consciente de que cada día hay algo en lo que puedo crecer. Nunca se deja de aprender…y el miedo es el único que nos entorpece el camino, a veces nos protege pero la mayoría de las veces es un inútil que se nos planta en medio del paso para burlarnos y ver hasta donde somos capaces de llegar por lograr lo que soñamos.  [Sé tu amigo, no tu enemigo. A veces todo el mundo está contigo apoyándote excepto tú mismo. Curioso, ¿no?]

Si otra cosa he aprendido de Clau en esta última temporada es que la seguridad en una misma + la pasión por lo que se hace son la mezcla perfecta para que lo más improbable, imposible e IN-soñable llegue a hacerse realidad. En estos meses en los que he abandonado totalmente esto de interrumpir rutinas con vosotros, he vivido un sueño. De los que no te crees… He aprendido lo que no esta escrito y también he cambiado ¿por qué no decirlo? Mucho en mí ha cambiado. Pero mi esencia, sigue estando… y hoy que he vuelto a encender el botón de mi sueño preciado, os aseguro que esa esencia va a brillar más de lo que nunca ha brillado.

He aprendido que viajar es pararse a hablar con ese músico del metro de Príncipe de Vergara que tanto te encanta y tantas sonrisas te ha robado, o ir en un coche cama y ponerte a conversar durante horas con la persona que tienes en la cama de abajo. Viajar es recibir a tu hermana con los brazos abiertos cuando lo que más necesita es sentir unos brazos rodeándola cariñosamente, es ver una película dando la mano a tu madre o aprender otra lengua cantando a todo pulmón una de tus canciones preferidas. Es levantarte sintiendo los besos de tu chico en tu espalda o volverte loca con el dibujo de un niño de 9 años. Viajar es mirar a la vida con ojos sorprendidos, es dejarse llevar como el mayor de los aventureros y estar dispuesto a enriquecerse con cada tropezón y cada rutina, por más aburrida o triste que pueda parecer. Viajar es darle a la vida la oportunidad de sorprenderte, vivir en una sorpresa constante donde cada función es importante y todo vale para crecer. 

Se cierra el telón por hoy pero prometo que volveré a compartir con vosotros todo lo muchísimo que en este tiempo he aprendido/vivido y sentido.

Hoy soy lo que soy gracias a toda esas personas que un día por o por b, han despertado algo en mí. Y hoy, especialmente, mi Clau… va por ti. 

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I.

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